Yo y la Música

En la adolescencia tan difícil de superar, aunque no imposible, la música fue mi refugio para esa época imperdible que todos tenemos que pasar.

Seguro que empecé escuchando la música, primero, de mi mamá a través de la radio: los yaravís, junto con sus novelas y a veces sus profundos suspiros de recuerdos que no volverán.

Luego, más tarde, la de mi papá con sus discos de vinilo, su aguja de diamante, el gran mueble de centro en la sala, que llevaba a un lado el tocadiscos, al centro la radio a tubos y al otro costado la grabadora con cinta de carrete, todo un lujo con lo último en tecnología.

Cómo no recordar a Los Indios Tabajara con sus finas cuerdas bien templadas, a Atahualpa Yupanqui con sus rumores de la puna, algún tanguito por ahí y los discos de música clásica de mis hermanos mayores que ya no vivían con nosotros por estudiar sus carreras en la capital.

Mi pequeña radio portátil nunca la saqué fuera de mi casa por temor a perderla. Me acompañaba en las noches a dormir. El sueño me llegaba escuchando hermosas baladas de Palito Ortega, Sandro, el Dúo Dinámico, Marisol, Rocío Dúrcal, los Doltons, la música moderna como el rock de los Shains, Traffic Sound, Los Beatles, Rolling Stones y tantos más.

Una miríada, una explosión de música en esos Años Maravillosos que me tocó vivir, en el cenit de la humanidad, cuando pensamos que todos nuestros problemas se iban a solucionar.

Y, como un ícono de toda esa vida, Frank Sinatra con su hermosa y varonil voz, la Voz de esos años.

Me gustaba más escuchar a Los Beatles que a los Rolling Stones y, hace poco, cuando vi documentales sobre ambos y las entrevistas que les hicieron, ni hablar; los Beatles estaban vivos por dentro comparados con los Stones.

Pero no sólo descubrí el Rock, también me gustaba el hermoso Jazz con sus inacabables improvisaciones y ritmos del alma de una raza que estaba por evolucionar.

Que hermosa época para descubrir la música y regresar a esos tiempos una y otra vez con tantas fotografías en internet, música y videos, y seguir descubriendo los nuevos ritmos, las nuevas estrellas, aunque ya no con las mismas ganas, siendo más selectivos, tratando de encontrar nuestros recuerdos una vez más.

Sapín de las Charcas

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