El Escritor – Bukowski

Cuando pienso en las cosas que
soporte tratando de ser
un escritor todas estas habitaciones
en esas ciudades,
mordisqueando pedacitos de comida que
no mantendrían con vida
ni a una
rata.

Estaba tan flaco que podía cortar pan
con el hombro, solo que rara vez tenia
pan…
mientras tanto, escribía cosas
sin parar
sobre pedazos de papel.

Y cuando me mudaba de un lugar
a otro
mi valija de cartón era
simplemente eso:
papel por fuera lleno de papel por dentro.

Cada nueva casera me preguntaba:
“¿ a que se dedica?”

“soy escritor”.

“Oh…”

Yo me acomodaba en pequeñas
habitaciones para conjurar mi arte
las caseras se apiadaban de mí,
me daban bocadillos con manzanas,
nueces, duraznos…
lo que no sabían era que eso era todo
lo que yo comía.

Pero su piedad terminaba cuando
encontraban botellas de vino barato en mi
habitación.

Está bien ser un escritor hambriento
pero no
un escritor hambriento que toma.

Los borrachos nunca
son perdonados.

Cuando el mundo se te cierra muy
rápido
una botella de vino se convierte
en un
amigo razonable.

Ah, todas esas caseras,
la mayoría de ellas pesadas,
lentas, con esposos
muertos hace mucho, todavía
puedo ver a esas
queridas
subiendo y bajando
las escaleras de
su mundo.

Manejaban mi existencia:
si no me hubiera dado
una semana extra de alquiler
de vez en cuando,
habría ido a la calle

y no podía escribir
en la calle.

Era muy importante tener una
habitación, una puerta, aquellas
paredes.

Oh, mañanas oscuras
en camas oscuras
escuchando sus pasos
escuchando su tos
escuchando el ruido del inodoro,
oliendo el aroma de
su comida
mientras esperaba
una palabra
de los editores en Nueva York
y del mundo mismo,
una palabra de esa gente educada,
inteligente, snob, bien nacida,
formal y confortable

ahí afuera

se tomaban su tiempo para
decir
no.

Sí, en esas camas oscuras
con las caseras chusmeando
todo el día, lavando la vajilla,
a menudo pensaba en esos editores
que no reconocían
lo que yo trataba de decir
en mi especial
manera

y yo pensaba, deben estar
equivocados.

 Y a esto le seguía un
pensamiento
mucho peor:

yo podía ser un estúpido:

casi todos los escritores creen
que están haciendo
una obra excepcional

eso es
normal

ser un tonto es
normal.

Entonces yo salía
de la cama
buscaba un pedazo de
papel
y empezaba
a escribir
otra vez.

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