Enredaderas y enrejados – Bukowski

Por supuesto que puedo morir en los próximos diez minutos
y estoy preparado para ello
pero lo que realmente me preocupa
es que mi editor pueda jubilarse
aunque es diez años mas joven que
yo.

Fue hace 25 años (yo estaba en esa “madura” edad de los 45)
cuando empezamos nuestra impía alianza para
probar las aguas literarias,
cuando ninguno de los dos era
muy conocido.

Creo que tuvimos bastante suerte y la
seguimos teniendo
sin embargo hay muchas posibilidades
de que él opte por las tardes cálidas
y agradables
en el jardín
mucho antes que yo.

Escribir embriaga
mientras que publicar y editar e
intentar cobrar facturas
lleva consigo un
desgaste
que también incluye lidiar con
pequeñas putadas y demandas
de muchos
a los que llaman genios y que
no lo son.

No le voy a reprochar
que se largue
y espero que me mande fotos de su
calle de la Rosa,
su avenida de la Gardenia.

¿Tendré que buscar otros
promotores?

¿Aquel tipo del
gorro ruso de piel?

¿O aquella bestia del Este
con todo aquel pelo
en las orejas y aquellos labios
húmedos y grasientos?

O ¿acaso mi editor,
después de partir hacia ese mundo de enredaderas
y enrejados
pasará la maquinaria
de su antiguo oficio
a un primo
o a una hija
o a algún poundiano del Gran Sur?

O ¿simplemente pasará el legado
al chico del almacén
que se levantará como Lázaro
palpando la importancia
recién adquirida?

Uno puede imaginarse cosas
terribles:

<Sr. Chinaski, ahora ha de entregar
toda su obra
en forma de Rondo
y
mecanografiarla
a triple espacio
en papel arroz>

El poder corrompe,
la vida falla
y todo lo que
queda
es un
puñado de
aceitunas.

<No, no señor Chinaski,
en forma de Rondo!>

<Oye>, le preguntaré,

<no has oído hablar de los años treinta>

<años treinta?> <que es eso?>

Mi actual editor
y yo
hemos hablado
a veces sobre la década de los treinta,
la Depresión
y
los pequeños trucos
para sobrevivir
con casi nada
y seguir adelante
de todos modos.

Bueno, John, si eso sucede, disfruta
del placer de plantar,
cultivar y orear
arbustos, riega solo por la mañana
temprano, usa
herbicida para impedir
que crezca malas hierbas
y
al igual que yo cuando escribo,
utiliza mucho
estiércol.

Y gracias por
encontrarme allá
en la avenida DeLongpre 5124
en algún punto entre
el alcoholismo y
la locura.

Juntos
lanzamos el guante del desafío
e incluso en estas fechas tan lejanas
aún puede encontrarse
gente que lo recoge
mientras el fuego canta
entre los
árboles.

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